UN CURSO DE MILAGROS

Si yo te diera todos los factores que envuelven una situación y te pidiera que hicieras un juicio, tú me contestarías: “no puedo”.

Para los que desconozcáis su historia, “Un Curso de Milagros” fue dictado por una “voz” a Helen Schucman, catedrática de psicología médica en la Facultad de Medicina de Nueva York en la década de los sesenta. Tras siete años de transcripción con la colaboración de William Thetford, un compañero de profesión, fue publicado de forma anónima hasta que tras el fallecimiento de Helen se desveló su origen.

Esta voz se presentó a sí misma como Jesús de Nazaret y el libro fue un súper ventas desde la primera edición. Personalmente hace muchos años que renegué de la doctrina cristiana, y ello no me impidió mantener en mi interior un vínculo especial con la figura de Jesús, pues a pesar de los mensajes de miedo y culpa que recibí de la iglesia al ser una pecadora por el mero hecho de haber nacido, una voz me decía que nada de aquello encajaba con lo que él era realmente. Así que en cuanto leí que el mensaje principal del Curso era “éste es el verdadero evangelio que quise enseñarte”, no lo dudé ni un segundo y empecé a trabajar en sus enseñanzas, que debo decirlo, han cambiado mi vida para siempre.

Dividido en tres partes (texto, lecciones diarias y manual para el maestro), El Curso se centra en la importancia de conocer el funcionamiento de la mente con el objetivo de  transformarla a través del perdón, entendiendo éste como el hecho de que en realidad no hay nada que perdonar, pues todo lo que experimentamos es fruto de nuestra percepción e interpretación limitadas de la realidad. La liberación de la culpa que todos acarreamos de forma inconsciente por habernos creído seres separados de Dios, es asimismo otro de sus pilares fundamentales.  

“Algunas de las ideas que el libro de ejercicios presenta te resultarán difíciles de creer, mientras que otras tal vez te parezcan muy sorprendentes. Nada de eso importa. Se te pide simplemente que las apliques tal como se te indique. No se te pide que las juzgues. Se te pide únicamente que las uses. Es usándolas como cobrarán sentido para ti, y lo que te demostrará que son verdad”.

Su propósito es restablecer la paz, traer la iluminación a través de la transformación de nuestras mentes, para que podamos conocer a nuestro propio Maestro Interno. Y el medio para alcanzarlo es el Perdón, que como ya hemos visto, es dejar de darle realidad a lo inexistente. Todo lo que percibimos como problemas, en realidad sólo se encuentran en nuestra mente. Creamos la ilusión de estar separados de Dios al proyectarnos hacia fuera y no reconocer la relación que existe entre nuestra mente y todo lo que nos ocurre, y de esta manera, al despertar del sueño y restablecer la unidad con Dios nos encontramos con nuestra verdadera esencia, nuestra esencia divina. En realidad nunca la perdimos, eso es algo imposible, pero nosotros creímos que sí.

En el sueño, los conceptos de carencia, escasez y pequeñez nos parecen reales y alimentan la idea de la separación, que nos hacen experimentar el miedo. Esto nos ha llevado a vivir en la dualidad y abandonar la Unidad, que es nuestro estado verdadero de ser. Esta dualidad se manifiesta en las dos voces que podemos escuchar: el ego, o el Espíritu Santo, que es la voz intermediaria entre Dios y nosotros. El ego es la creencia errónea de que estamos separados de Dios y cuando le seguimos a él, permanecemos en el sueño, atrapados en el miedo, las proyecciones, la culpa, los juicios, etc. La buena noticia es que lo recordemos o no, todos somos uno con Dios.

Por el contrario, cuando escuchamos al Espíritu Santo, despertamos a la Unidad con Dios. Él mora en la parte de nuestra mente que es parte de la Mente de Dios, representa a nuestro Ser y a nuestro Creador, que son Uno. Habla por Dios y también por nosotros, estando unido a ambos. Si queremos sanar debemos decidir a cuál de los dos vamos a seguir, y para ello necesitamos vivir en un estado de atención y cuestionarnos todas nuestras creencias, asumiendo que necesitaremos la ayuda del Espíritu Santo para lograrlo.

Un Curso de Milagros nos lleva una y otra vez a recordar que no estamos solos, que formamos parte de un Todo que nos brinda amorosamente las respuestas a todos nuestros problemas. La mente es el medio del que el Espíritu se vale para expresarse a Sí mismo, y la mente que sirve al Espíritu está en paz y llena de gozo.

Dios, al que llama Espíritu, Conocimiento, Unidad y Realidad, es todo lo que existe, así que podemos decir que el Curso ofrece una visión panteísta de la realidad. Por el contrario, el pecado y la culpa no existen, no son reales, simplemente son la consecuencia de una mala calidad de pensamiento, de no tener higiene mental, de vivir atrapados en el sueño.

La Expiación (salvación) es el resultado del Conocimiento, del cambio de mentalidad demente del ego por la de la mente recta. Es un pensamiento que compartimos con Dios.

La enfermedad y la muerte no son reales tal como los concebimos. Son estados mentales, no corporales. La enfermedad es un conflicto mental somatizado y expresado en el cuerpo, y se puede curar en su causa, que es la mente. La vida terrenal es una ilusión que no termina con la muerte corporal, sino con el Despertar.

Sólo hay dos actitudes posibles: dar amor o pedir amor, y atacar es una forma de pedir amor. Nuestra función no es juzgar y condenar, sino perdonar, es decir, ser testigos de que lo único que existe es el amor. Los Milagros son cambios en los hábitos a nivel de pensamiento, una corrección, y el Juicio Final es el triunfo de la Expiación, el fin de la creencia errónea en la separación. Es el deshacimiento total del error, el final de los juicios.

En definitiva, Un Curso de Milagros es un regalo maravilloso que llega a nuestras vidas cuando estamos preparados para recibir su mensaje.

A través de él, pasamos por un continuo y suave proceso de soltar nuestra identificación con la mente, el ego. Comprendemos que hemos estado soñando un sueño que llegamos a creernos, y nos damos cuenta de que no somos ese sueño, sino el soñador. El Espíritu Santo nos guía para que podamos ir percibiendo progresivamente la verdad acerca de nosotros, nuestra esencia amorosa e inocente, por medio del perdón. A través de él podemos vernos a nosotros mismos en nuestros hermanos y hermanas, y aprendemos que lo que les demos a ellos, siempre nos lo estaremos dando a nosotros mismos.

Al aceptar la verdad acerca de nosotros y mirando más allá del error en los otros, nos encontramos con nuestro verdadero ser. Enseñamos paz para aprenderla, y en esa bondad y misericordia hacia los demás, encontramos el corazón compasivo y bondadoso de Dios.

Buscamos esa función sagrada en lo más recóndito de vuestra mente, pues está ahí, esperando nuestra decisión. No podemos dejar de encontrarla una vez que nos demos cuenta de que esa es nuestra decisión y de que compartimos con Dios Su Voluntad.

“Sé feliz, pues tu única función aquí es la felicidad. No tienes por qué ser menos amoroso con el Hijo de Dios que Aquel cuyo Amor lo creó tan amoroso como Él mismo. Ahora has aceptado la felicidad como tu única función aquí, y ten por seguro que al hacer esto te estarás uniendo a la Voluntad de Dios…”.

Jesús es como un hermano mayor que ya terminó el viaje en el que nosotros nos encontramos, pues vio a Dios en todos sus hermanos y se volvió Uno con Él. Nos acompaña y nos muestra el camino para que le sigamos, y está deseoso de que acudamos a él. Caminar con él puede ser algo tan natural como caminar con un hermano al que conocemos desde que nacimos, pues eso es en verdad lo que él es.

Tómate un momento para comprender y sentir lo mucho que amarías a un hermano así, pues él por fin le brindará descanso a tu mente y la llevará contigo ante Dios.