El Inconsciente Familiar

Así como todos convivimos con nuestro ego, esa parte inconsciente que conforma el 95% de nuestra mente, coexistimos también entre una miríada de energías invisibles que forman parte de nosotros y de nuestra vida, nos guste o no, y seamos conscientes de ello o no. Mientras sigamos atrapados en el automatismo de nuestra mente inconsciente, ésta seguirá dominando el 95% de nuestros pensamientos, emociones y decisiones diarias, llevándonos a preguntarnos muchas veces por qué siempre repetimos las mismas situaciones, o atraemos al mismo tipo de personas y circunstancias.

Pero, ¿qué pasa con el inconsciente familiar? ¿Qué es exactamente?

Y la pregunta más importante: ¿Puede influir en tu vida de la misma manera que tu propio inconsciente individual? Veámoslo:

Partiendo de los trabajos y postulados establecidos en su día por Freud y Jung, numerosas investigaciones han desarrollado posteriormente teorías acerca de un tercer nivel inconsciente, que sería un escalón intermedio entre el inconsciente individual y el colectivo, llamado inconsciente familiar o inconsciente del clan. A ello han contribuido las propuestas de diferentes autores entre los que destaca especialmente Alejandro Jodorowsky, quien ha impulsado la aceptación del término de una manera más precisa, así como el hecho de que a partir de los años setenta comenzó a aumentar el interés por el árbol genealógico en Occidente, desde que se abordó por primera vez la cuestión de la herencia transgeneracional.

De la misma manera que el inconsciente personal se compone fundamentalmente de todo aquello que hemos reprimido, olvidado o bloqueado de lo que nos ha ocurrido a lo largo de nuestra vida y el inconsciente colectivo está integrado por valores y símbolos-arquetipos- comunes a un grupo, a una cultura o a un colectivo social, el inconsciente familiar es una especie de inconsciente colectivo a pequeña escala en el que se guardan los programas y patrones familiares.

Todo clan cuenta con su propia historia y sus creencias, y éstas acaban convirtiéndose en una programación familiar inconsciente

Esta programación forma un conjunto de memorias, sistemas de pensamiento y actitudes que comparten las generaciones del pasado, del presente y del futuro. De esta manera, el inconsciente familiar refuerza el sentido de pertenencia al grupo y la identidad de sus miembros sobre la base de la historia común de la que forman parte. Dicho de otro modo, varias generaciones de un mismo clan se relacionan y se desarrollan en base a este inconsciente familiar y a sus creencias, que provienen de los sucesos traumáticos y las memorias reprimidas que han padecido las generaciones anteriores. Todo lo que le sucede a un miembro del clan repercute, por la vía del inconsciente familiar, en los otros miembros, muertos, vivos, o aún por nacer.

Como miembros del clan, desde que somos concebidos recibimos inconscientemente las memorias de todas las vicisitudes familiares, las enfermedades, las tragedias y los traumas ocurridos con el propósito de que puedan ser reparados, pero ocurre que en el inconsciente familiar existe también una fuerza que es conservadora e inmovilista. Su propósito principal es mantener la estabilidad para garantizar la continuidad del clan, por lo que todo debe supeditarse a unos patrones repetitivos que instintivamente se inclinan hacia el pasado, hacia lo conocido, buscando y favoreciendo la conservación. Así, el clan rechaza la rebeldía, el ansia de libertad o el desarrollo de la conciencia de cualquiera de sus miembros, porque esas iniciativas provocarían situaciones desconocidas que pueden ocasionar inestabilidad y poner en riesgo su supervivencia.

Aquí es donde entran en juego las tan famosas ovejas negras. Es como si hubiera dos fuerzas luchando entre sí: una, la del miedo, la que proviene del grupo familiar y que quiere que todo permanezca igual, y la segunda, la que proviene de la Consciencia, que es siempre creadora y que busca la evolución a través de la sanación. Esta trae consigo todas las posibilidades de transformación que buscan desarrollar la conciencia del clan, y al contrario que la anterior, no se alimenta del pasado sino de las posibilidades futuras. Resumiendo, podríamos decir que el árbol genealógico es un organismo que por imitación y buscando sobrevivir, intenta imponer a los descendientes sus modelos aprendidos y limitantes a la hora de pensar y actuar ante determinadas situaciones. Y al mismo tiempo influye sobre él la fuerza creadora y amorosa de la Consciencia, que lo empuja desde ese pasado de sufrimiento e inconsciencia hacia un futuro en el que todos sus miembros hayan podido realizar el desarrollo de su verdadera esencia. Es por esto que heredamos aquellas situaciones que fueron vividas con dolor y en silencio, porque traemos con nosotras la capacidad de vivirlas de una manera diferente y sanadora, para aportar una nueva información al clan.

Al mismo tiempo, tanto nosotros como nuestro árbol hemos sido sometidos a las influencias de la cultura y la sociedad en la que hayamos crecido, que nos moldea conforme a este patrón de imitación y repetición. Nuestro trabajo como conciencia individual radica en liberarnos de esos límites, traer aire nuevo a nuestro árbol y llevarlo hacia su realización espiritual. En palabras de Jodorowsky: “El pasado quiere dar sentido al futuro, pero en realidad es el futuro el que da un sentido al pasado, otorgándole un significado nuevo”.

En definitiva, al hablar del inconsciente familiar nos estamos refiriendo a un nivel de nuestra mente que está situado en un plano más profundo aún que el propio inconsciente personal, y que contiene “memorias” de experiencias ancestrales de nuestros antepasados que se reflejan en nuestra vida a través de patrones de conducta, bloqueos emocionales, e incluso a una predisposición a vivir determinadas experiencias.

Gracias a la epigenética transgeneracional, hoy sabemos que nuestro inconsciente conserva las memorias de nuestros ancestros hasta la cuarta generación

La epigenética, que significa más allá de la genética, estudia los cambios hereditarios procedentes de la activación y desactivación de los genes sin que se produzca ninguna alteración en la secuencia de ADN. Estudios recientes han demostrado que no estamos condicionados por nuestra herencia genética como se pensaba hasta hace bien poco, sino que muy al contrario, nuestras propias experiencias de vida (entre las que adquieren una importancia fundamental nuestros hábitos, pensamientos, creencias y emociones), pueden influir en la actividad de nuestros genes de una forma hasta ahora desconocida, y que además, estas “huellas” pueden ser transmitidas a generaciones futuras No sólo heredamos las características de nuestros rasgos físicos, sino también los traumas, tendencias psicológicas y conductuales, conflictos emocionales y todo aquello que se quedó sin resolver en nuestro sistema familiar.

Todo lo que fue callado, oculto y guardado en secreto, pasa a las siguientes generaciones en forma de experiencias generalmente dolorosas y traumáticas, no como una forma de destino cruel ante el que no podemos hacer nada, sino al contrario, como una oportunidad sagrada que viene con una fuerza arrolladora para que ahora sí, pueda manifestarse y sanarse aquello que fue sepultado bajo el dolor, la soledad y la incomprensión.

El inconsciente familiar es como un ente que lo sabe todo y que por amor, siempre buscará la manera de sacar a la luz lo que fue oculto en el árbol genealógico, pero tendrá que lidiar con esas otras fuerzas que por inercia y por miedo, prefieren que todo siga igual. Lo cierto es que ninguna información se puede perder, no existe un secreto familiar que pueda callar lo que de una forma u otra se tiene que manifestar, y lo hará a través de síntomas, comportamientos, e incluso de enfermedades en los casos en los que no se logra la liberación y la sanación a través de la comprensión y el perdón.

De esta manera, casi todas las experiencias que vivimos tienen relación con estas memorias familiares, y tenemos ahora en nuestras manos la posibilidad de hacer lo que nuestros antepasados no fueron capaces o no supieron hacer, y liberar así a las generaciones futuras del clan para que puedan seguir evolucionando hacia la paz y el amor que realmente somos y que estamos anhelando volver a experimentar. O por el contrario, repetiremos las mismas acciones y decisiones que tomaron nuestras abuelas y bisabuelas, y seguiremos perpetuando el dolor, la incomprensión y los juicios, hasta que llegue al sistema familiar un alma lo suficientemente fuerte y despierta para romper el ciclo definitivamente.

Es como si el inconsciente de un antepasado te susurrara al oído: “Yo no pude hacer más y esto ha quedado pendiente; sácalo a la luz, libera al árbol de esta limitación, perdona y trasciende este condicionamiento”. Así, el clan se va enriqueciendo y liberando con las nuevas aportaciones de los miembros que llegan a comprender este sentido sagrado y que asumen el desafío en lugar de vivirlo como presas del destino y de seguir sintiéndose unas víctimas.

Cuando comprendes que tu experiencia no acaba en ti, sino que continuará a través de tus hijos, nietos, sobrinos y bisnietos, alcanzas una visión superior y eres capaz de salir del pensamiento limitante y dual del yo/tú, para empezar a asumir tu vida en términos de Totalidad: esa inteligencia superior en la que todo está conectado, funcionando en una continua y mágica interacción.